POESIAS

ES una constante el sufrimiento de Juan Ramón Jimenez en su exilio, y que nunca ya volvió a España. terrible lo que se desprende de sus poemas………. tristísimos poemas.

NOCTURNO

A G. Martínez Sierra 

Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde.
Estoy solo; mis amores están lejos;
y mi alma que se muere de tristeza,
de nostalgia y de recuerdos,
se sumía fatigada
en la bruma de los sueños.

Esta tarde han florecido
los vergeles de los cielos;
los crepúsculos pasados fueron grises
cual monótonos crepúsculos de invierno.
Esta tarde renació la primavera:
los velados horizontes descubrieron
sus aldeas indecisas;
hubo rosas y violetas en lo azul del firmamento,
hubo magia fabulosa de colores y de esencias;
fue un crepúsculo de aquellos
de las dulces primaveras que mi alma
ve vagar en sus recuerdos.

En la nada flotó un algo de profundas transparencias
y los giros de las brisas, un momento
dibujáronse temblando;
una onda ensombrecía los misterios
de la tarde…
En el cielo religioso
las estrellas del crepúsculo entreabrieron;
y mi alma se perdió en la vaga bruma
de los últimos jardines melancólicos y quietos…

Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde.
Estoy solo; mis amores están lejos.

He entreabierto mi balcón:
por oriente ya la luna va naciendo;
las fragantes madreselvas
dan al aire de la noche las unciones de sus frescos
y balsámicos perfumes;
están tristes los luceros.
En mi oído vibra el ritmo de las voces que se aman.
Me da horror de estar a solas con mi cuerpo…
El silencio me contagia;
estoy mudo…, en mis labios no hay acentos…
Me parece que no hay nadie sobre el mundo,
Me parece que mi cuerpo
se agiganta; siento frío, tengo fiebre,
en la sombra me amenazan mil espectros…

He sentido que la vida se ha apagado
sólo viven los latidos de mi pecho:
es que el mundo está en mi alma;
las ciudades son ensueños…

Sólo turba la quietud solemne y honda
el temblor de los diamantes de los cielos.
Estoy solo con mi alma
que se muere de tristeza, de nostalgia y de recuerdos.

¿A quién cuento mis pesares?
Me da miedo de turbar este silencio
con sollozos. ¡Si escuchara algún suspiro!
¡Mis amores están lejos!

Por los árboles henchidos de negruras
hay terrores de unos monstruos soñolientos,
de culebras colosales arrolladas
y alacranes gigantescos;
y parece que del fondo de las sendas
unos hombres enlutados van saliendo…
Los jardines están llenos de visiones;
hay visiones en mi alma…, siento frío,
estoy solo, tengo sueño…
Los recuerdos se amontonan en mi mente,
los suavísimos recuerdos
de las tardes que me dieron sus colores,
sus esencias y sus besos.
¡Son tan dulces esas tardes de la tierra!,
(¡ah, las tardes de los cielos!)

Ya la luna amarillenta
va subiendo.
Mis pupilas, anegadas por el llanto,
se han cuajado de luceros.
Siento frío…¡Quién pudiera
dormitar eternamente en su ensueño,
olvidarse de la tierra
y perderse en lo infinito de los cielos!
Llega un aire perfumado, caen mis lágrimas;
estoy solo; mis amores están lejos…

LAS TARDES DE ENERO 

Su poesía refleja la tristeza que le embarga.

Va cayendo la noche: La bruma
ha bajado a los montes el cielo:
Una lluvia menuda y monótona
humedece los árboles secos.
El rumor de sus gotas penetra
hasta el fondo sagrado del pecho,
donde el alma, dulcísima, esconde
su perfume de amor y recuerdos.
¡Cómo cae la bruma en en alma!
¡Qué tristeza de vagos misterios
en sus nieblas heladas esconden
esas tardes sin sol ni luceros!
En las tardes de rosas y brisas
los dolores se olvidan, riendo,
y las penas glaciales se ocultan
tras los ojos radiantes de fuego.
Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
se reflejan las almas marchitas
a través de los pálidos cuerpos.
Y hay un algo de pena insondable
en los ojos sin lumbre del cielo,
y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
en las almas su amargo silencio,
Y los niños se duermen soñando
con ladrones y lobos hambrientos.
Los jardines se mueren de frío;
en sus largos caminos desiertos
no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
¡Como cae la bruma en el alma
perfumada de amor y recuerdos!
¡Cuantas almas se van de la vida
estas tardes sin sol ni luceros!

Antonio Machado

la desierta plaza

A la desierta plaza

conduce un laberinto de callejas.

A un lado, el viejo paredón sombrío

de una ruinosa iglesia;

a otro lado, la tapia blanquecina

de un huerto de cipreses y palmeras,

y, frente a mí, la casa,

y en la casa la reja

ante el cristal que levemente empaña

su figurilla plácida y risueña.

Me apartaré. No quiero

llamar a tu ventana… Primavera

viene –su veste blanca

flota en el aire de la plaza muerta–;

viene a encender las rosas

rojas de tus rosales… Quiero verla…

· Poema en el que Machado describe una plaza que probablemente pertenece a su pueblo natal. Nos describe la plaza como desierta, un poco seca. Finalmente la descripción nos lleva a la casa donde supuestamente vive su enamorada.

ODA A LA PLAZA PERDIDA

Yo también veo en mi pueblo

una triste plaza que parece muerta

Un extenso desierto y una iglesia vieja

Que en otros tiempos nos anunciaba

el colorido de las estación que llega

Cuando la primavera despunta

La primavera a la plaza también llega

Su variada arboleda reverdecía.

Las plantas se vestían de colores

Y las aves construían sus nidos

y que bonitos los dejan

Para criar su polluelos pronto

Antes que el verano llega

Cuando llegaba el estío era el

refugio, de gente muy variada

De ese sol veraniego de agosto

que siempre nos achicharra

Ya nunca encontraremos ancianos

contando cuentos en la plaza vieja

allí reunidos se contaban

sus historias, sus cuitas, andanzas que las

había tristes, alegres y divertidas otras

De penas, si el día así se terciaba.

Ya nos quitaron, árboles, palmeras y plantas

Y sombras que los árboles nos daban

Máquinas para hacer las gimnasias

Lugar de chismes y charlas

Lugar de amigos, donde contar

Historias si aún todavía recordaban

Tampoco los ancianos no tienen

los asientos que otrora había, en la triste plaza

ni jardín, ni bancos, ni maquinas.

A esta parte del pueblo le han quitado

un lugar de encuentro y una

bella plaza, que para muchos era,

como una parte de su propia casa

era una joya y lugar de citas,

de descanso y de refugio cuando el sol quemaba

dónde siempre estaban cómodos

y dónde siempre descansaban.

Ya no puedes refugiarte en el jardín de la plaza

Ahora el sol calienta adoquines

Alquitrán y otras argamasas

Que podrías freír un huevo

Si así lo comprobaras,

No puedes esconder tu sombra

El sol te sigue implacable

Ya no tengo aquel árbol de la vieja plaza

Ya no hay sombras, hay solo resolanas

Tanto sol que viene de arriba

Que ya tanto sol nos cansa.

Hecho de menos nuestra alegre plaza

Donde los ancianos acudían

A ejercitar ejercicios en sus maquinas

Haciendo sus moderadas gimnasias

Era frecuente ver a niños emulando

Gimnasias en aquellas maquinas

Donde podías encontrar siempre

Corros de gente platicando sentadas

Charlando contando historias pasadas

Ahora la plaza está transformada

Ya no tenemos gorriones cantando

Ni jilgueros, tampoco tórtolas extrañas

Ya no hay árboles ni palmeras

Y tampoco hay color, ni hay plantas

En esta parte del pueblo le quitaron

Las máquinas y los árboles de su plaza

Un lugar donde sentarse a contar

Sus historias de juventudes pasadas.

Y también las había inventadas

pero a todos nos encantaban.

Miguel Hernandez

Eterna sombra17
Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.
Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.
Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.
Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.
Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.

El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.
Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.
Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Cesar Vallejo

Se bebe el desayuno… Húmeda tierra
de cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno… La mordaz cruzada
de una carreta que arrastrar parece
una emoción de ayuno encadenada!

Se quisiera tocar todas las puertas,
y preguntar por no sé quién; y luego
ver a los pobres, y, llorando quedos,
dar pedacitos de pan fresco a todos.
Y saquear a los ricos sus viñedos
con las dos manos santas
que a un golpe de luz
volaron desclavadas de la Cruz!

Pestaña matinal, no os levantéis!
¡El pan nuestro de cada día dánoslo,
Señor…!

Todos mis huesos son ajenos;
yo talvez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón… A dónde iré!

Y en esta hora fría, en que la tierra
trasciende a polvo humano y es tan triste,
quisiera yo tocar todas las puertas,
y suplicar a no sé quién, perdón,
y hacerle pedacitos de pan fresco
aquí, en el horno de mi corazón…!

El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.
Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.
Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

LEON FELIPE

Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa…
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después… ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque…, ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo…
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca…
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa…
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca…
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana…
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana…
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa…
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

MIGUEL HERNANDEZ

Sentado sobre los muertos

Sentado sobre los muertos

que se han callado en dos meses,

beso zapatos vacíos

y empuño rabiosamente

la mano del corazón

y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes

y baje a la tierra y truene,

eso pide mi garganta

desde ahora y desde siempre.

MIGUEL HERNANDEZ

Llamo a la juventud

Sangre que no se desborda,

juventud que no se atreve,

ni es sangre, ni es juventud,

ni relucen, ni florecen.

Cuerpos que nacen vencidos,

vencidos y grises mueren:

vienen con la edad de un siglo,

y son viejos cuando vienen.

LA VERDADERA IMAGEN DE CRISTO

GABIELA MISTRAL

¿De qué quiere usted la imagen?
– Preguntó el imaginero-
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso.
Mire este Cristo yacente,
madera de puro cedro.
Depende de quién la encarga:
una familia o un templo.
O si el único objetivo
es ponerla en un museo.
– Déjeme, pues ,que le explique
Lo que de verdad deseo:
Yo necesito una imagen
Del Jesús el galileo
que refleje su fracaso
intentando un mundo nuevo,
que conmueva las conciencias
y cambie los pensamientos.

Yo no la quiero encerrada
en iglesias ni conventos,
ni en casa de una familia
para presidir sus rezos.

No es para llevarla en andas
cargada por costaleros.
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús, hombre, sufriendo
que ilumine a quien la mire
el corazón y el cerebro,
que den ganas de bajarlo
de su cruz y del tormento,
y quien contemple esa imagen
no quede mirando un muerto
ni que con ojos de artista
solo contemple un objeto
ante el que exclame admirado:
“¡qué torturado más bello!”
………………………………..
-Perdóneme si le digo
– responde el imaginero –
Que aquí no hallará seguro
la imagen del Nazareno.
Vaya a buscarla en las calles
entre las gentes sin techo,
en hospicios y hospitales
donde haya gente muriendo.
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos,
en el pueblo marginado
entre los niños hambrientos,
en mujeres maltratadas
en personas sin empleo.

Pero la imagen de Cristo
no la busque en los museos,
no la busque en las estatuas
en los altares y templos,
ni siga en las procesiones
los pasos del nazareno.
No la busque de madera,
de bronce, de piedra o yeso.
Mejor…¡busque entre los pobres
su imagen de carne y hueso!✝✝✝

FE

Fe,no me abandones
ahora que en la vida pintan dudas
Ahora que han dejado las maduras
espacio a las más duras sinrazones.

Fe,no me abandones
como al palo mayor en la tormenta
amárrate a mi alma que te sienta
a salvo de naufragios y tifones.

Fe,fe, Fe te necesito
como el agua es necesaria en el desierto
como escencial es enterrar a nuestros muertos
como saber que es infinito el infinito.

Fe:
Te quiero fuerte,
la más inexpugnable ciudadela
invicta ante el dolor y sus secuelas
blindada a los embates de la suerte.

Fe,si estás conmigo
me atrevo a conquistar el universo
ponerme las estrellas como abrigo
mirar con buen humor lo más adverso.

Fe,Fe, Fe…
no te derrumbes
no prermitas que descienda a los abismos
señálame el camino de las cumbres
que allí quiero vivir conmigo mismo.

Consejo mortal

Levanta tu edificio. Planta un árbol.
Combate si eres joven. Y haz el amor, ¡ah,…. siempre!
Mas no olvides al fin construir con tus triunfos
lo que más necesitas: Una tumba, un refugio.

&&&&

Gabriel Celaya

La vida que murmura. La vida abierta.
La vida sonriente y siempre inquieta.
La vida que huye volviendo la cabeza,
tentadora o quizá, sólo niña traviesa.
La vida sin más. La vida ciega
que quiere ser vivida sin mayores consecuencias,
sin hacer aspavientos, sin históricas histerias,
sin dolores trascendentes ni alegrías triunfales,
ligera, sólo ligera, sencillamente bella
o lo que así solemos llamar en la tierra.

Carta urgente a la juventud del mundo

Marcos Ana

Si la juventud quisiera
mi pena se acabaría,
y mis cadenas.

(Decid ¡basta!
Haced la prueba.)

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
¿Qué tiranos, qué cerrojos,
qué murallones, qué puertas
no vencieran vuestras voces
en un alud de protesta?

(Todos los tiranos tienen
sus pedestales de arena,
de sangre rota, y de barro
babilónico sus piernas.)

Pronunciad una palabra,
decid una sola letra,
moved tan solo los labios
a la vez y la marea
juvenil atronaría
como un mar cuando se encrespa.

Pero, ¿quién soy yo, qué barco
de dolor, qué espuma vieja,
qué aire sin luz en el viento
acerco a vuestras riberas?

Como campanario de oro
vuestros corazones sueñan.
La juventud es la hora
del amor, su primavera.
¿Por qué mover vuestras ramas
alegres con mi tristeza?
¿No es mejor que yo me coma
mi pan solo en las tinieblas;
que mis pies cuenten las losas
veinte años más, mientras sueñan
mis alas entre las nubes
de un cielo roto en mis rejas?

Pero la vida -mi vida-
me está clamando en las venas;
abrasa loca las palmas
de mis manos; lanzaderas
clava y desclava en mi frente
y el pensamiento me quema.

Ved nuestros tonos. Ya somos
como terribles cortezas;
claustrales rostros, salobres
ojos que buscan a tientas
-sedientos de luz y sol-
una grieta entre las piedras.

No sabéis lo que es vivir
muriéndose a vida llena;
grises, sobre grises patios,
sin más luz que una bandera
de amor…

Ni lo sepáis nunca…
Más si queréis que esta lepra
jamás os alcance el pecho,
no dejéis «mi muerte» quieta.
No dejadme, no dejadnos
con nuestras sienes abiertas
y en un cerrojo sangrante
crucificada la lengua.

Levad vuestros pechos. ¡Pronto!
( Es bueno que esta gangrena
os revuelva las entrañas.)

MARCOS ANA


¡Echad abajo mi celda!
Abrid mi ataúd; que el mundo
en pie de asombro nos vea
indomables, pero heridos,
sepultos bajo la tierra.
¡Que no queden en silencio
mis cadenas!

Carta urgente a la juventud del mundo

Si la juventud quisiera
mi pena se acabaría,
y mis cadenas.

(Decid ¡basta!
Haced la prueba.)

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
¿Qué tiranos, qué cerrojos,
qué murallones, qué puertas
no vencieran vuestras voces
en un alud de protesta?

(Todos los tiranos tienen
sus pedestales de arena,
de sangre rota, y de barro
babilónico sus piernas.)

Pronunciad una palabra,
decid una sola letra,
moved tan solo los labios
a la vez y la marea
juvenil atronaría
como un mar cuando se encrespa.

Pero, ¿quién soy yo, qué barco
de dolor, qué espuma vieja,
qué aire sin luz en el viento
acerco a vuestras riberas?

Como campanario de oro
vuestros corazones sueñan.
La juventud es la hora
del amor, su primavera.
¿Por qué mover vuestras ramas
alegres con mi tristeza?
¿No es mejor que yo me coma
mi pan solo en las tinieblas;
que mis pies cuenten las losas
veinte años más, mientras sueñan
mis alas entre las nubes
de un cielo roto en mis rejas?

Pero la vida -mi vida-
me está clamando en las venas;
abrasa loca las palmas
de mis manos; lanzaderas
clava y desclava en mi frente
y el pensamiento me quema.

Ved nuestros tonos. Ya somos
como terribles cortezas;
claustrales rostros, salobres
ojos que buscan a tientas
-sedientos de luz y sol-
una grieta entre las piedras.

No sabéis lo que es vivir
muriéndose a vida llena;
grises, sobre grises patios,
sin más luz que una bandera
de amor…

Ni lo sepáis nunca…
Más si queréis que esta lepra
jamás os alcance el pecho,
no dejéis «mi muerte» quieta.
No dejadme, no dejadnos
con nuestras sienes abiertas
y en un cerrojo sangrante
crucificada la lengua.

Levad vuestros pechos. ¡Pronto!
( Es bueno que esta gangrena
os revuelva las entrañas.)

MARCOS ANA


¡Echad abajo mi celda!
Abrid mi ataúd; que el mundo
en pie de asombro nos vea
indomables, pero heridos,
sepultos bajo la tierra.
¡Que no queden en silencio
mis cadenas!

Antonio Machado

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?… Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermanó de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
… ¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas…

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.


Baeza, 21 de febrero de 1915

Oda a la pobreza – Poemas de Pablo Neruda


Cuando nací,
pobreza, 
me seguiste,
me mirabas
a través
de las tablas podridas
por el profundo invierno.
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
de noche, repetían
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salto quebrado, el traje roto,
los zapatos abiertos,
me advertían.
Allí estabas
acechándome
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
allí estabas
buscándome,
siguiéndome,
desde mi nacimiento
por las calles.

Cuando alquilé una pieza
pequeña, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,
o al descorrer las sábanas
en un hotel oscuro,
adolescente,
no encontré la fragancia
de la rosa desnuda,
sino el silbido frío
de tu boca.
Pobreza,
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.
Cuando enfermé tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres
los dejaban caer como pedradas.
Tú, con amor horrible,
de un montón de abandono
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado
y mirando a los pobres
recogías
mi último plato haciéndolo diadema.
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.
Junto
a cada pobre
me encontrarás cantando,
bajo
cada sábana
de hospital imposible
encontrarás mi canto.
Te sigo,
pobreza,
te vigilo,
te acerco,
te disparo,
te aislo,
te cerceno las uñas,
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:
en el océano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,
secarse el sudor negro,
encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada día
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar pan en las panaderías.
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
está cantando,
mi vida
está viviendo,
mi sangre
está luchando.
Derrotaré
tus pálidas banderas
en donde se levanten.
Otros poetas
antaño te llamaron
santa,
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo te desafío,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando con un ojo
el pan y los racimos
que cubrirá la tierra
de mañana.

Raimo, la pobreza sigue ahí persiguiendonos, sigue siendo implacable, en muchas casas se perpetua, está en los barrios, en el piso tercero, y en el número 5 de tu calle, en las chavolas y bajo los puentes, está ahí al lado, la tienes de vecina, también la tienes en los campos de refugiados, Pablo Neruda se fue, pero la pobreza, no se fue Raimo.

Llegó la libertad para el compañero de celda…

Para Fernando Molano

No tengas pena…

No me digas nada…

Si no puedes hablar de contento

Desde que te han dicho que vas para casa

¿Para qué me miras?

¿Para qué me hablas?

Si no aciertas a decir seguidas

Ni cuatro palabras

Casi me dan risa

Tu risa y tu cara

¡Me pareces tan raro, tan serio

Con esa corbata!

Si ya no te acuerdas de hacer la lazada:

Así…media vuelta…

Y tira hacia abajo, que quede apretada

Quítate el piojo

Que te sube por esa solapa

¡Condenados! Ya ves, todo nuevo

Y parece como si brotaran

De los mismos poros…;

¡Claro que un piojillo no tiene importancia!

Échate la gorra hacia atrás

Que se te vea la cara

¡La cara de gloria con ojos de fiesta

Del preso que marcha!

Deja que te mire…

¡No me digas nada!

A ver si es que puedo llevarte al rastrillo

Sin soltar las lágrimas

A ver si soy hombre y te doy la mano

Sin volver la cara…

Si ves a mis hijos…

-aquel pequeñito que siempre sentaba

Sobre mis rodillas, por hacerle fiestas

Al llegar a casa…

Y aquel ángel rubio que no se dormía

Por las noches, si no le besaba-

Diles que me quieran

Que ya pronto, muy pronto, es la marcha

…Pero no, que podría dolerles

Si supieran mi angustia y mis ansias

Y no quiero que lloren

Ni quiero que tengan pena por mi causa

Si ves a mis hijos

no les digas nada

Tírales un beso

Que es la mejor frase que recita el alma

Saluda a mi esposa

Saluda a mi madre…

A mis bien amadas

Y diles que bebo su ausencia

En la bella copa de azules mañanas

Dame ya la mano

Y vete a la vida que tu vuelta aguarda

No me tengas pena

No me digas nada

Que esa misma cancela que hoy se abre para darte paso

Se abrirá mañana

Y entraremos de nuevo en la vida

Los que ahora quedamos soñando esperanza

¡Adiós… y no vuelvas…!

¡Sécate esa lágrima!

Te canta Anhinojo Folk

¡¡ Que te han hecho Tajo!!,

Que te has vuelto viejo……

No solo se volvió viejo y manso

Cambió toda su topografía

Se   engordó,   engulléndolo   todo

Molinos,   castillos y algodonales

Puentes    viejos   y   estaciones.

Eras   altivo   y   poderoso

A   veces   manso,   otras  ruidoso

Enfurecido   eras   indomable

Pero  el  hombre  doblegarte pudo

Detenerte,   y   más   abajo domarte

Te   engordaste   subiendo   monte arriba

Y   te  emborrachaste   de caudal

y  dejaste de ser río  serio y bravo

Para   transformaste   en pantano

Según los lugareños cercanos

En lugar de llamarte embalse.

Y   te calmastes   sin nervios,  sin  corrientes

Te echamos mucho de menos,

Te   queremos   como eras antes

Entre el río de antes y el embalse de ahora

Me quedo con el  río viejo, 

Con sus aguas claras y sus reflejos y

Con  la luna rielando en su  espejo.

   Sucumbieron    los molinos

 Desaparecieron   los   puentes

Y   te   tragaste   el castillo

Y   la   estación de la Renfe.

Ya   se perdió tu   atractivo

Ya se perdió para siempre.

 LOS HUERFANITOS

Murió una madre, dejando tristes 
Dos huerfanitos, hijos del alma,
Que en sus plegarias, todas las noches
¡Madre querida! ¡Madre! Exclamaban

Tú te llevaste nuestra alegría,
nuestro embeleso, nuestra esperanza
¿ Qué hay en la tierra para nosotros
Sin tus sonrisas y tus miradas ?

Todo está oscuro, todo en silencio, 
Madre querida, madre adorada
Tú te llevaste nuestras venturas,
Para dejarnos luto y desgracias

Si de los cielos donde resides,
Ves a tus hijos con penas tantas,
¡Ay madre!… envía pronto un consuelo
Con que se enjuguen ya nuestras lágrimas

Así decían, tristes, los niños 
Que antes nadaron en la abundancia
Y hoy, harapientos, con hambre y frio
Sobre un escaño se acoquinaban

Y a los silbidos que daba el viento
Y los golpazos de las ventanas
Llenos de miedo, tristes, medrosos
-¡Madre querida! ¡Madre! Exclamaban.

Ya fatigado, dijo el pequeño
¿Cómo podemos ir a buscarla,
Cuando ignoramos hasta el sepulcro
Tan hondo y frio do está enterrada?

¿Quieres que a casa ya nos volvamos? 
¿Ves del camino cuanto nos falta?
Pero a buscarla más decidido
Dijo el primero con arrogancia

Sobre mis hombros muy satisfecho
Te llevaría si es que te cansas
Pero la tumba de nuestra madre
¿Cómo sus hijos no han de encontrarla?

Por fin llegaron y de rodillas
Sobre una losa, ríos de lágrimas
Tristes vertían, cuando observaron 
Que una tormenta se preparaba,

Cubrieron tristes con sus ropitas
aquella losa, por que las aguas
no penetraran hasta su madre
y se volvieron llorando a casa.

 ESTA POESÍA ME TRAE RECUERDOS

ERA MI MAESTRO

Lo siento Don Joaquín, lo siento.

Quisiera que fuera otro momento
Y pudiera rectificar tantos errores
Para decirle quedo, “Cuanto lo siento”
Y decirle “gracias” por su comportamiento.

Hoy lo digo aquí públicamente
Cuanto de Injusto había en nuestras mentes
Vivió sus soledades con dolor eternamente
Huérfano de amigos y de parientes.

Convivíamos niños de seis a 14
Éramos complicados vocingleros,
Traviesos y crueles por momentos
Marcándonos para siempre aquellos hechos.

Quiero reivindicar desde estas líneas
Las críticas para usted de aquellos tiempos
Confieso que yo también me deje arrastrar
Perdón don Joaquín, cuánto lo siento.

Sus problemas se los llevó hasta su muerte
Nada sabÍamos, los vivía en solitario
Le abrumaban y su silencio lo cantaba
Lo sufrió silenciosamente sin contarlo.

Me pregunto si fuera un desengaño
No se relacionó con sus iguales
¿Miedo por estar en otra parte?
¿Quizás una mujer dejándole hace años?

Yo en mi niñez no percibía
Ahora pienso que usted sufría
Que pudiera tener una vida oculta
Reflexiono si no fuera ideología

Eran otros tiempos, los cincuenta,
Nunca apreciamos si sufría
Padres y alumnos se reían
Perdón Don Joaquín lo siento.

Era nuestro tutor, nuestro maestro
Profesor de números y letras
Era un profesor decente
Gracias D. Joaquín por siempre.

No voy a valorar su valor docente
Usted no tenía culpa del sistema
Lo equiparo a otro profesor que había
Y le reconozco sin fisuras su valía.

DON JOAQUIN MI MAESTRO

Teníamos a un profesor de vida recogida
En desacuerdo que su vida fuera criticada
No perdono de las burlas recibidas
Y no perdono su persona maltratada.

Célebres eran las historias que se cuentan
Era objetivo de mufas y de chanzas
Motivo de chistes, de burlas y charangas
Éramos así, ¡muy valientes! que desgracia.

Diríase que no le ilusionaba nada
¿Que ocultaba aquella persona solitaria?
¿Caminando solo, triste como un ánima?
¿Angustiado silencioso y una vida recatada?

Entiendo que no fue bien tratado por el pueblo
Sin amigos y de amistades conocidas
Sin nadie a su alrededor que le animara
Me lo imagino viéndose en su desierto abandonado.

Su trabajo de docente en un colegio
Con un alumnado sumamente complicado
Nadie próximo le apoya y valora su trabajo
Aún era blanco de un pueblo desgraciado.

Grato para él, si hubiera sido ALGO querido
Poco correspondido y nada valorado
Fue don Joaquin, y también muy ignorado
Por mi parte !¡gracias!¡ Me siento desolado.

Suponiendo que ya te fuiste para siempre
Que DIOS lo tenga en su Gloria Don joaquin
Nunca sufrí un castigo, ni queja de su trato,
Por ello otra vez le digo ¡gracias maestro!

Seguirá siendo un enigma y un misterio
La vida que llevaba en este pueblo desdichado
Que su alma reviva y regrese en primavera
Y sobrevuele su alma sobre Hinojal de forma eterna.

Con cortesía, descanse en paz Don Joaquín.

DON JOAQUIN MI MAESTRO

Teníamos a un profesor de vida recogida
En desacuerdo que su vida fuera criticada
No perdono de las burlas recibidas
Y no perdono su persona maltratada.

Célebres eran las historias que se cuentan
Era objetivo de mufas y de chanzas
Motivo de chistes, de burlas y charangas
Éramos así, ¡muy valientes! que desgracia.

Diríase que no le ilusionaba nada
¿Que ocultaba aquella persona solitaria?
¿Caminando solo, triste como un ánima?
¿Angustiado silencioso y una vida recatada?

Entiendo que no fue bien tratado por el pueblo
Sin amigos y de amistades conocidas
Sin nadie a su alrededor que le animara
Me lo imagino viéndose en su desierto abandonado.

Su trabajo de docente en un colegio
Con un alumnado sumamente complicado
Nadie próximo le apoya y valora su trabajo
Aún era blanco de un pueblo desgraciado.

Grato para él, si hubiera sido ALGO querido
Poco correspondido y nada valorado
Fue don Joaquin, y también muy ignorado
Por mi parte !¡gracias!¡ Me siento desolado.

Suponiendo que ya te fuiste para siempre
Que DIOS lo tenga en su Gloria Don joaquin
Nunca sufrí un castigo, ni queja de su trato,
Por ello otra vez le digo ¡gracias maestro!

Seguirá siendo un enigma y un misterio
La vida que llevaba en este pueblo desdichado
Que su alma reviva y regrese en primavera
Y sobrevuele su alma sobre Hinojal de forma eterna.

Con cortesía, descanse en paz Don Joaquín.

LA VERDADERA IMAGEN DE CRISTO

GABIELA MISTRAL

¿De qué quiere usted la imagen?
– Preguntó el imaginero-
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso.
Mire este Cristo yacente,
madera de puro cedro.
Depende de quién la encarga:
una familia o un templo.
O si el único objetivo
es ponerla en un museo.
– Déjeme, pues ,que le explique
Lo que de verdad deseo:
Yo necesito una imagen
Del Jesús el galileo
que refleje su fracaso
intentando un mundo nuevo,
que conmueva las conciencias
y cambie los pensamientos.

Yo no la quiero encerrada
en iglesias ni conventos,
ni en casa de una familia
para presidir sus rezos.

No es para llevarla en andas
cargada por costaleros.
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús, hombre, sufriendo
que ilumine a quien la mire
el corazón y el cerebro,
que den ganas de bajarlo
de su cruz y del tormento,
y quien contemple esa imagen
no quede mirando un muerto
ni que con ojos de artista
solo contemple un objeto
ante el que exclame admirado:
“¡qué torturado más bello!”
………………………………..
-Perdóneme si le digo
– responde el imaginero –
Que aquí no hallará seguro
la imagen del Nazareno.
Vaya a buscarla en las calles
entre las gentes sin techo,
en hospicios y hospitales
donde haya gente muriendo.
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos,
en el pueblo marginado
entre los niños hambrientos,
en mujeres maltratadas
en personas sin empleo.

Pero la imagen de Cristo
no la busque en los museos,
no la busque en las estatuas
en los altares y templos,
ni siga en las procesiones
los pasos del nazareno.
No la busque de madera,
de bronce, de piedra o yeso.
Mejor…¡busque entre los pobres
su imagen de carne y hueso!✝✝✝

    El PIYAYO   ¿Tú conoces al «Piyayo»,
un viejecillo renegro, reseco y chicuelo;
la mirada de gallo
pendenciero
y hocico de raposo
tiñoso…
que pide limosna por «tangos»
y maldice cantando «fandangos»
gangosos? ¡A chufla lo toma la gente
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente! Ata a su cuerpo una guitarra,
Que chilla como una corneja
Y zumba como una chicharra
Y tiene arrumacos de vieja
Pelleja.
Yo le he visto cantando,
Babeando
De rabia y de vino,
Bailando
Con saltos felinos
Tocando a zarpazos,.
Los acordes de un viejo»tangazo»
Y, a sus contorsiones de ardilla,
Hace son con la sucia calderilla. ¡ a chufla lo toma la gente
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente! Es su extraño arte
su cepo y su cruz,
su vida y su luz,
su tabaco y su aguardientillo…
y su pan y el de sus nietecillos:
«churumbeles» con greñas de alambre
y panzas de sapos.
Que aullan de hambre
Tiritando bajo los harapos;
Sin madre que lave su roña;
Sin padre que «afane»
Porque pena una muerte en santoña;
Sin mas sombra que la del abuelo…
¡poca sombra, porque es tan chicuelo;
en el altozano
tiene un cuchitril
¡a las vigas alcanza la mano;
y por lumbre y por luz, un candil.
Vacia sus alforjas
Que son sus bolsillos,
Bostezando los siete chiquillos,
Se agrupan riendo.
entre carantoñas les va repartiendo
Pan y pescao frito,
Con la parsimonia de un antiguo rito:
¡chavales!
¡pan de flor de harina!
Mascarlo despasio.
Mejo pan no se come en palasio.
este pescaito, ¡no es na?
¡sacao uno a uno del fondo del má!
¡gloria pura él!
Las espinas se comen tamié,
Que to es alimento… Asi….despasito.
¡no llores, Manuela!
Tu no pués, porque no tiés muelas.
¡es tan chiquitita
mi niña bonita!..
así, despasito.
Muy remascaito,
Migaja a migaja, que dure,
Le van dando fin
A los cinco reales que costo el festín.
Luego entre guiñapos durmiendo,
Por matar el frío, muy apiñaditos.
La Virgen María contempla al «Piyayo»
Riendo
Y hay un Angel rubio que besa la frente
De cada gitano chiquito. ¡A chufla lo toma la gente!…
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente!

La emigración de los cincuenta

En la década de los cincuenta

todos  interrogaban un camino

la travesía iba a ser larga y el destino

una ilusión incierta, una quimera

con más  valor de lo esperado

fueron sacando fuerzas y reaños

y conteniendo lágrimas y llantos

fueron saliendo muchos cada año

dejaban atrás muchas carencias

pocos habían sido bien tratados

como personas, eran ignorados

algo parecido a ser esclavos.

algunos se quedaron para siempre

muriendo de hambre, abandonados

los actores del poder y bien situados

sin más, miraban para otro lado

eran hijos de Hinojal, eran vecinos

eran niños que morían allí, al lado

no eran niños de china ni africanos

nativos de Hinojal  y empadronados.

habían sido ciudadanos de tercera

¿Quien se atrevía a una protesta?

eran aquellos años de la dictadura

la nefasta década de los cincuenta.

P. D. V.

NUEVOS VIENTOS

Viento fresco recorre el universo
Brisas, esperanzas, que necesitan los pueblos
Hora es, de levantarse y ponerse en movimiento
¡¡Pueblo!!, !! despierta, ¡¡ que vienen los nuestros!!

Es hora de luchar, sin desmayo por el pueblo
Por ese pueblo que trabaja y sufre, sin merecerlo
Que nunca fue pecado luchar por un sueldo
Reivindicando un salario digno, para seguir viviendo.
… 
Maldigo a los políticos corruptos,
Caciques, putrefactos, indecentes,
Inmorales, mentirosos, depravados,
Que metieron a los pueblos en el averno.

¡¡Qué dicen sentirse más creyentes!!
¡¡Hipócritas!! ¿Dais de comer al hambriento?
¿Dais posada al peregrino?…. ¡hipócritas!
¿Consoláis al triste y vestís al desnudo?…..

Simuláis con cinismo ser creyentes
Condenados estáis a las tinieblas
Condenados estáis a los infiernos
Allí merecéis estar, así de cierto.

Luis Chamizo – La Nacencia

Bruñó los recios nubarrones pardos
la lus del sol que s´agachó en un cerro,
y las artas cogollas de los árboles
d´un coló de naranjas se tiñeron.
A bocanás el aire nos traía
los ruídos d´alla lejos
y el toque d´oración de las campanas
de l´iglesia del pueblo.
Ibamos dambos juntos, en la burra,
por el camino nuevo,
mi mujé mu malita,
suspirando y gimiendo.
Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirrïando por el cielo,
y volaban pal sol qu´en los canchales
daba relumbres d´espejuelos.
Los grillos y las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos,
y roändo, roändo, de las sierras
llegaba el dolondón de los cencerros.
¡Qué tarde más bonita!
¡Qu´anochecer más güeno!
¡Qué tarde más alegre
si juéramos contentos!…
– No pué ser más- me ijo- vaite, vaite
con la burra pal pueblo,
y güervete de prisa con l´agüela,
la comadre o el méico -.
Y bajó de la burra poco a poco,
s´arrellenó en el suelo,
juntó las manos y miró p´arriba,
pa los bruñíos nubarrones recios.
¡Dirme, dejagla sola,
dejagla yo a ella sola com´un perro,
en metá de la jesa,
una legua del pueblo…
eso no! De la rama
d´arriba d´un guapero,
con sus ojos roendos
nos miraba un mochuelo,
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos…
¡No tengo juerzas pa dejagla sola;
pero yo de qué sirvo si me queo!
La burra, que rroía los tomillos
floridos del lindero
carcaba las moscas con el rabo;
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¡Qué pensará la burra
si es que tienen las burras pensamientos!
Me juí junt´a mi Juana,
me jinqué de roillas en el suelo,
jice por recordá las oraciones
que m´enseñaron cuando nuevo.
No tenía pacencia
p´hacé memoria de los rezos…
¡Quién podrá socorregla si me voy!
¡Quién va po la comadre si me queo!
Aturdio del tó gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo;
y aquellos ojos verdes,
tan grandes, tan abiertos,
qu´otras veces a mí me dieron risa,
hora me daban mieo.
¡Qué mirarán tan fijos
los ojos del mochuelo!
No cantaban las ranas,
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s´aplacaron,
s´asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, rondo, de las sierras
el dolondón de los cencerros…
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¡Daba yo no sé qué tanto silencio!
M´arrimé más pa ella;
l´abrasaba el aliento,
le temblaban las manos,
tiritaba su cuerpo…
y a la luz de la luna eran sus ojos
más grandes y más negros.
Yo sentí que los míos chorreaban
lagrimones de fuego.
Uno cayó roändo,
y, prendío d´un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Que bonita y que güena,
quién pudiera sé méico!
Señó, tú que lo sabes
lo mucho que la quiero.
Tú que sabes qu´estamos bien casaos,
Señó, tú qu´eres güeno;
tú que jaces que broten las simientes
qu´echamos en el suelo;
tú que jaces que granen las espigas,
cuando llega su tiempo;
tú que jaces que paran las ovejas,
sin comadres, ni méicos…
¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo tú tan güeno?…
¡Ay! qué noche más larga
de tanto sufrimiento;
¡qué cosas pasarían
que decilas no pueo!
Jizo Dios un milagro;
¡no podía por menos!

Toito lleno de tierra
le levanté del suelo,
le miré mu despacio, mu despacio,
con una miaja de respeto.
Era un hijo, ¡mi hijo!,
hijo dambos, hijo nuestro…
Ella me le pedía
con los brazos abiertos,
¡Qué bonita qu´estaba
llorando y sonriyendo!
Venía clareando;
s´oïan a lo lejos
las risotás de los pastores
y el dolondón de los cencerros.
Besé a la madre y le quité mi hijo;
salí con él corriendo,
y en un regacho d´agua clara
le lavé tó su cuerpo.
Me sentí más honrao,
más cristiano, más güeno,
bautizando a mi hijo como el cura
bautiza los muchachos en el pueblo.
Tié que ser campusino,
tié que ser de los nuestros,
que por algo nació baj´una encina
del camino nuevo.
Icen que la nacencia es una cosa
que miran los señores en el pueblo;
pos pa mí que mi hijo
la tié mejor que ellos,
que Dios jizo en presona con mi Juana
de comadre y de méico.
Asina que nació besó la tierra,
que, agraecía, se pegó a su cuerpo;
y jue la mesma luna
quien le pagó aquel beso…
¡Qué saben d´estas cosas
los señores aquellos!
Dos salimos del chozo,
tres golvimos al pueblo.

HAY UN DÍA FELIZ

A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo, 
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!

Quizás sea un sueño

¿Duermo? no,

….estoy despierto

mis ojos están  cerrados

pero esta noche, esta noche

no es como otras noches,

mis pensamientos vuelan

y se van de  aquí a allá,

en tierras de antaño

en momentos de antaño

hay fotos de los años 50

que reflejan miserias

… y vivencias pasadas,

las hay escritas a fuego

en nuestras mentes,

de pronto me vienen,

imágenes muy tristes

no estoy soñando, no,

tengo impotencia

estoy muy despierto y

me abruman mil cosas,

si, cosas que me acosan

que me persiguen y

no me dejan dormir, son

imágenes muy vivas

de niños….,

de niños muy solos

son  niños tristes, pálidos,

no sonríen, ni hablan,

no gritan, si acaso lloran,

son rostros patéticos

delgados, mafélicos

con ropitas raquíticas…,

mis ojos siguen cerrados

pero los sigo viendo

están ahí, y allí muy solos,

quizás no tengan nada,

…no tienen nada,

no sepan de cariño

…no conocen el cariño,

mis ojos cerrados

…no resisten  

sus tristes ojos abiertos.

en el silencio de la noche

me invade la emoción y

un sentimiento de tristeza

….se  apodera de mi,

esas imágenes que veo

no me abandonan,

y a esos niños tan tristes,

….quisiera tenerlos aquí

justo a nuestro lado y

y tenderles  nuestras manos

….mirarles de frente

con los ojos abiertos,

y sin muchas palabras

decirles,  mirarnos,

…..mirarnos

desde ahora estaremos  

a vuestro lado

todos juntos,  conviviremos,

ha empezado algo nuevo,

algo nuevo para todos,

desde ahora sonreiremos,

ahora nos tenéis a vuestro lado,

olvidaremos el dolor,

lo vamos a conseguir,

perseguiremos el mal,

…lo detendremos

le daremos la espalda

viviremos con más amor,

olvidaremos lo pasado,

porque si podemos hacer,

….un mundo mejor,

vamos  a conocer un mundo nuevo

porque tenemos esa voluntad,

porque ha llegado el momento

porque ha llegado la verdad

de pagar nuestras deudas

porque  es nuestra hora,

…y ese día ha llegado

para quedarse.

Quizás sea un sueño

¿Duermo? no,

….estoy despierto

mis ojos están  cerrados

pero esta noche, esta noche

no es como otras noches,

mis pensamientos vuelan

y se van de  aquí a allá,

en tierras de antaño

en momentos de antaño

hay fotos de los años 50

que reflejan miserias

… y vivencias pasadas,

las hay escritas a fuego

en nuestras mentes,

de pronto me vienen,

imágenes muy tristes

no estoy soñando, no,

tengo impotencia

estoy muy despierto y

me abruman mil cosas,

si, cosas que me acosan

que me persiguen y

no me dejan dormir, son

imágenes muy vivas

de niños….,

de niños muy solos

son  niños tristes, pálidos,

no sonríen, ni hablan,

no gritan, si acaso lloran,

son rostros patéticos

delgados, mafélicos

con ropitas raquíticas…,

mis ojos siguen cerrados

pero los sigo viendo

están ahí, y allí muy solos,

quizás no tengan nada,

…no tienen nada,

no sepan de cariño

…no conocen el cariño,

mis ojos cerrados

…no resisten  

sus tristes ojos abiertos.

en el silencio de la noche

me invade la emoción y

un sentimiento de tristeza

….se  apodera de mi,

esas imágenes que veo

no me abandonan,

y a esos niños tan tristes,

….quisiera tenerlos aquí

justo a nuestro lado y

y tenderles  nuestras manos

….mirarles de frente

con los ojos abiertos,

y sin muchas palabras

decirles,  mirarnos,

…..mirarnos

desde ahora estaremos  

a vuestro lado

todos juntos,  conviviremos,

ha empezado algo nuevo,

algo nuevo para todos,

desde ahora sonreiremos,

ahora nos tenéis a vuestro lado,

olvidaremos el dolor,

lo vamos a conseguir,

perseguiremos el mal,

…lo detendremos

le daremos la espalda

viviremos con más amor,

olvidaremos lo pasado,

porque si podemos hacer,

….un mundo mejor,

vamos  a conocer un mundo nuevo

porque tenemos esa voluntad,

porque ha llegado el momento

porque ha llegado la verdad

de pagar nuestras deudas

porque  es nuestra hora,

…y ese día ha llegado

para quedarse.

 HAY UN DÍA FELIZ

A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo, 
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo

Como una blanca tempestad de arena!

No te rindas. Mario Benedetti.

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,

CANTOS A SAN SEBASTIANI
Con licencia al señor cura,
también de la autoridad,
las virtudes de este Santo
os venimos a explicar.

Gozosos en tu presencia,
corazón enamorado,
déjanos cantar un himno
al que fue tu fiel soldado.

Mozos que lleváis al Santo,
llevadlo con devoción,
hincar la rodilla en tierra
y alzad los ojos a Dios.

De Milán fueron tus padres,
en Narbona establecidos,
allí nació Sebastián,
siendo modelo divino.

II

Narbona te dio su cuna,
de nobles padres nacido,
tu fortuna y porvenir
inmenso te ofreció el siglo.

En santo temor de Dios,
desde la infancia instruido,
tu virtud consagraste
al militar ejercicio.

Allí, de ardiente valor,
diste ejemplo cumplido.
Diocleciano te distingue
Y a la guardia liarte quiso.

De esta manera, volando,
de la Gloria, por la rambla,
capitán fuiste nombrado
de la guardia pretoriana.

III

Pero ni aquellos honores,
ni virtud, ni gloria tanta,
nunca marchitar pudieron
con tu humildad la fragancia.

A las cárceles corriste
desafiando el peligro,
consolando a los cristianos
y animarlos al martirio.

Cuando Diocleciano vio
la fe de San Sebastián,
la corona del martirio
ha empezado a dibujar.

En un albañal de Roma
vuestro cuerpo fue arrojado,
glorioso San Sebastián,
después de saeteado.

IV

Cuando una santa mujer
tu cuerpo a sepultar vino,
en tu corazón sintió
un palpitante latido.

Y sus heridas, curando,
en su escondido retiro,
las fuerzas y la salud
al fin recobrarlas hizo.

No contento con el triunfo,
te decides a morir,
y a palacio te presentas
para el martirio sufrir.

Vas a ver a Diocleciano,
confiesas de nuevo a Cristo,
y al verte vivo, aterrado
te hace matar en el circo.

V

Un inhumano verdugo
descargóle en la cabeza
un fuerte golpe de maza,
derribándote en la tierra.

Al saberlo Diocleciano,
con furor te reconvino
de traidor y desleal,
condenándote al martirio.

Una mañana, en la aurora,
en el jardín de palacio,
vieron entrar a varios hombres
de arcos y flechas armados.

Amarrado a un duro tronco
os tiraron las saetas,
las sufristeis, Santo mío,
con humildad y paciencia.

VI

Los flecheros de tu guardia,
de tu venganza ministros,
tu hermoso cuerpo destrozan
con sus acertados tiros.

Fija la mirada al cielo
tiene el mártir entre tanto,
y una amorosa plegaria
modulan tus puros labios.

El día veinte de enero,
según el siglo cristiano,
expiró abrazado a Cristo
este valiente soldado.

Y que arrojen el cadáver
a la cloaca de Tarquino,
creyendo infamar así
tu nombre mártir invicto.

VII

Quince siglos desde entonces
el mundo se ha envejecido,
y del César Diocleciano
el sepulcro se ha perdido.

En tanto que ante el sepulcro
del Santo Mártir de Cristo,
del mundo todo cristiano
su nombre invoca rendido.

El día veinte de enero
has empuñado la palma,
y corona de laureles,
que tanto la deseabas.

Imitemos sus virtudes
y sus religiosos celos,
y mañana encontraremos
a Sebastián en el Cielo.

VIII

A vos, Santo, que gozáis
de la Gloria Celestial,
dadle a vuestro pueblo
salud y prosperidad.

Este favor le pedimos
al glorioso Sebastián,
que nos dé mucha salud,
para volverle a cantar.

De que nosotros lleguemos
a la mansión eternal,
juntos un himno cantemos
en el coro angelical.

Y nosotros os pedimos,
a vuestras plantas postrados,
que, en saliendo de esta vida,
nos llevéis a vuestro lado.


CANTO DE LAS PURIFICAS
(Que se canta en Hinojal el día de las Candelas)

Danos licencia, Señor,
para entrar en vuestra casa.
Confesaremos tu nombre,
muy humildes, a tus plantas.

Niño, que estás en los brazos,
más hermoso que un clavel,
di a tu madre que nos abra,
que venimos a ofrecer.

Pues si Vos lo concedéis,
Redentor de nuestras almas,
de rodillas por el suelo,
pedimos supláis las faltas.

Al señor cura, rector,
pues que manda en esta casa,
también pedimos licencia,
con petición muy cristiana.

A publicar el misterio
de esta solemnidad santa
venimos, con vuestra ayuda,
madre de Dios, Soberana.

Y para que resplandezca
en nosotras dicha tanta,
tomemos agua bendita,
para entrar limpias de mancha.

Y para que comencemos
a elogiaros, Virgen Santa,
rendidos a vuestros pies
pedimos clemencia magna.

Vais a ofrecer vuestro hijo,
Madre de Dios, Soberana,
para que vean los hombres
la humildad que en vos se halla.

No porque a vos se os obliga,
Madre de Dios, Soberana,
sino por dar buen ejemplo
a toda alma cristiana.

Con vos, Reina de los Cielos,
no se entiende dicha tanta.
Estáis más pura que el sol,
pues en vos no se halla mancha.

Mas vos, Reina, como madre,
con humildad muy cristiana,
vais a cumplir con la ley
que Moisés tenía dada.

En la Ley de Moisés
ninguna mujer entraba
al Santo Templo de Dios
hasta estar purificada.

Y para entrar en el templo
la ofrenda preceptuada
era un cordero o paloma
con cinco siclos de plata.

A los pobres les permiten,
porque en todo tiempo se hallan,
dos tórtolas o palomas
con que la Ley observaban.

Presentad esas palomas.
que es la ofrenda acostumbrada,
que en la Ley de Moisés
todas las pobres llevaban

La muerte de vuestro Hijo
os la anunció Simeón;
ése fue el primer cuchillo
que pasó tu corazón.

Presentad ese Agnus Dei
y atended a las palabras
que dice San Simeón
en las Escrituras Santas.

Aquí está el profetizado
en las Escrituras Santas.
Recíbelo, Simeón,
dándole infinitas gracias.

Recíbelo, sacerdote,
y ministro del altar,
que recibís una ofrenda
de loa Reina Celestial.

ALÉGRENSE

Alégrense los mortales.
Muera de rabia el infierno,
que se ha ofrecido la Virgen
al Dios Hombre verdadero.

Bendita seais, Señora,
alabada seais Reina,
reverenciada de todos
los nacidos en la tierra.

De corazón le pedimos
a esta Soberana reina,
que a nuestro párroco dé
salud y gracias completas.

A la señora Justicia
que asista a su gobierno,
mereciendo de Dios Niño
gozar en su mismo reino.

También a los Mayordomos.
Madre, Soberana, Reina,
da salud en esta vida
y, después, la vida eterna.

A todo este auditorio.
Madre, Reina esclarecida,
pedimos que con tu Hijo
alcancéis glorias cumplidas.


Ofertorio de la Camisa
(canta: Sonia Fernández)

Madre, la camisa
te ofrezco gustosa,
para que a tu hijo
le pongas gozosa.
Te ruego, señora,
con santa humildad,
te dignes cubrirlo
con tu manto real.

Ofertorio de: Los Pañales
(canta: Mª. Carmen Leno).

Yo también te ofrezco,
oh Virgen María,
para el Rey del Cielo,
con mucha alegría,
estos pañalitos
de mi pobre ajuar;
con ellos le puedes
muy bien abrigar.

Ofertorio de: La Mantilla
(canta: Sonia Pizarro)

Yo también te ofrezco,
oh Virgen María,
para el Rey del Cielo,
con dulce alegría,
bordada con fe;
esta mantillita
abriga con ella
al Niño Manuel.

Ofertorio del Gorro
(canta: Mª. José Merino)

El gorro te ofrezco
con mucha alegría,
para que a tu hijo
le pongas, María.
Te ruego, señora,
con el corazón,
si soy digna de ello,
vuestra bendición.

Ofertorio de la Faja
(canta: Rocío Hurtado)

Oh Virgen María,
para mi Señor
esta faja traigo
de poco valor.
Quisiera, señora,
fuera de tisú.
Fajad en mi nombre
al Niño Jesús.

Ofertorio de: Castañas
(canta: Mónica …)

Yo también te ofrezco
castañas y peros,
bollos y zapatos,
sopas y corderos.
Te ruego, Señora,
con santa humildad,
en torno nos vuelvas
el pan celestial.

Ofertorio de Todo
(canta: Yolanda Hurtado)

En suma, Señora,
sólo falto yo
que ofrecer al Niño,
nuestro Redentor.
¿Qué le ofreceré?
No encuentro qué dar,
pues todo completo
me lo encuentro ya:
Pañales, mantillas,
fajas y baberos.
Camisas y gorros,
castañas y peros.
Sopas y corderos
bollos y zapatos…
Todo está ofrecido
por mis compañeros.
Sólo falta un saco,
y aquí te lo entrego.
Recíbelo, Virgen,
y vístele al Niño,
con este cordón cíñele el vestido,
y en premio, Señora, vestidnos también
de hermosas virtudes para ir a Belén

NUEVOS VIENTOS

Viento fresco recorre el universo
Brisas, esperanzas, que necesitan los pueblos
Hora es, de levantarse y ponerse en movimiento
¡¡Pueblo!!, !! despierta, ¡¡ que vienen los nuestros!!

Es hora de luchar, sin desmayo por el pueblo
Por ese pueblo que trabaja y sufre, sin merecerlo
Que nunca fue pecado luchar por un sueldo
Reivindicando un salario digno, para seguir viviendo.
… 
Maldigo a los políticos corruptos,
Caciques, putrefactos, indecentes,
Inmorales, mentirosos, depravados,
Que metieron a los pueblos en el averno.

¡¡Qué dicen sentirse más creyentes!!
¡¡Hipócritas!! ¿Dais de comer al hambriento?
¿Dais posada al peregrino?…. ¡hipócritas!
¿Consoláis al triste y vestís al desnudo?…..

Simuláis con cinismo ser creyentes
Condenados estáis a las tinieblas
Condenados estáis a los infiernos
Allí merecéis estar, así de cierto.

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